SELECCIÓN
EFECTIVA DE PERSONAL BASADA EN COMPETENCIAS
(Presentado
ante el XXVII Congreso Interamericano de Psicología, Caracas,
Venezuela, 1999)
Nelson Rodríguez Trujillo Ph.D.
Escuela de Psicología, Universidad Central de Venezuela
Psico Consult C.A.
INTRODUCCIÓN
El
concepto de “Competencia” fue planteado inicialmente por
David McClelland en 1973, como una reacción ante la insatisfacción
con las medidas tradicionales utilizadas para predecir el rendimiento
en el trabajo:
“Los
tests académicos de aptitud tradicionales y los tests de conocimientos,
al igual que las notas escolares y las credenciales: 1. No predicen
el rendimiento en pruebas o el éxito en la vida. 2. A menudo
están sesgados en contra de las minorías, las mujeres,
y las personas de los niveles socioeconómicos más bajos”
(McClelland, 1973)
Esto
lo condujo a buscar otras variables, a las que llamó “Competencias”,
que permitiesen una mejor predicción del rendimiento laboral.
Encontró que para predecir con mayor eficiencia, era necesario
estudiar directamente a las personas en el trabajo, contrastando las
características de quienes son particularmente exitosos, con
las características de quienes son solamente promedio. Por
ello, las Competencias están ligadas a una forma de evaluar
aquello que “realmente causa un rendimiento superior en el trabajo”,
y no “a la evaluación de los factores que describen confiablemente
todas las características de una persona, en la esperanza de
que algunas de ellas estén asociadas con el rendimiento en
el trabajo” (McClelland, 1993). Posteriormente, según
Woodruffe (1993), Boyatzis (1982) estimuló mucho el uso del
término, haciéndolo “obligatorio para cualquier
consultor serio después de los ochenta”.
La
introducción del concepto de Competencias significó
para la psicología, al menos en el contexto laboral, una revisión
de la manera en que se entienden las variables y sus formas de evaluación.
Aunque, como lo veremos más adelante, las variables en su definición
tradicional continúan siendo necesarias y útiles, al
igual que los instrumentos que se utilizan para su evaluación
, es conveniente reconocer que el término “Competencias”
está aquí para quedarse y que ha tenido un impacto tan
sustancial, que es importante conocer lo que significan y qué
implicaciones tiene para el trabajo en recursos humanos.
Además,
el concepto de Competencia y su estrecha relación con el trabajo,
responde muy bien a la situación actual del mundo laboral,
caracterizado por un alto nivel de fluidez y cambio, con exigencias
cada vez mayores a las habilidades individuales; tendencia esta, que
se incrementará a futuro. Y, en el marco específico
de la psicología, el concepto responde a la concepción
de la psicología cognoscitiva y del constructivismo, que concibe
una mayor fluidez en la estructura del intelecto, en el procesamiento
de la información y en la adaptabilidad del ser humano, que
lo que se concebía en el pasado.
En
este artículo, se presentan algunas definiciones de Competencias,
y se plantea lo que implican así como algunos problemas específicos
de su evaluación.
¿QUÉ SON LAS COMPETENCIAS?
Las
definiciones de Competencia constituyen una verdadera legión.
A continuación se citan algunas de ellas:
Spencer
y Spencer (1993) consideran que es: “una característica
subyacente de un individuo, que está causalmente relacionada
con un rendimiento efectivo o superior en una situación o trabajo,
definido en términos de un criterio” (p. 9).
Rodríguez
y Feliú (1996) las definen como “Conjuntos de conocimientos,
habilidades, disposiciones y conductas que posee una persona, que
le permiten la realización exitosa de una actividad”.
Ansorena Cao (1996) plantea: “Una habilidad o atributo personal
de la conducta de un sujeto, que puede definirse como característica
de su comportamiento, y, bajo la cual, el comportamiento orientado
a la tarea puede clasificarse de forma lógica y fiable.”
(p. 76)
Guion
(citado en Spencer y Spencer) las define como “Características
subyacentes de las personas que indican formas de comportarse o pensar,
generalizables de una situación a otra, y que se mantienen
durante un tiempo razonablemente largo”
Woodruffe
(1993) las plantea como “Una dimensión de conductas abiertas
y manifiestas, que le permiten a una persona rendir eficientemente”.
Finalmente,
Boyatzis (Woodruffe, 1993) señala que son: “conjuntos
de patrones de conducta, que la persona debe llevar a un cargo para
rendir eficientemente en sus tareas y funciones”.
Del
análisis de estas definiciones puede concluirse que las Competencias:
1. Son características permanentes de la persona,
2. Se ponen de manifiesto cuando se ejecuta una tarea o se realiza
un trabajo,
3. Están relacionadas con la ejecución exitosa en una
actividad, sea laboral o de otra índole.
4. Tienen una relación causal con el rendimiento laboral, es
decir, no están solamente asociadas con el éxito, sino
que se asume que realmente lo causan.
5. Pueden ser generalizables a más de una actividad.
Probablemente
una fuente de confusión con respecto a las Competencias, es
que son entidades más amplias y difusas que los constructos
psicológicos tradicionales. De hecho, las Competencias combinan
en sí, algo que los constructos psicológicos tienden
a separar (a sabiendas de la artificialidad de la separación):
lo cognoscitivo (conocimientos y habilidades), lo afectivo (motivaciones,
actitudes, rasgos de personalidad), lo psicomotriz o conductual (hábitos,
destrezas) y lo psicofísico o psicofisiológico (por
ejemplo, visión estroboscópica o de colores). Aparte
de esto, los constructos psicológicos asumen que los atributos
o rasgos son algo permanente o inherente al individuo, que existe
fuera del contexto en que se pone de manifiesto, mientras que las
Competencias están claramente contextualizadas, es decir, que
para ser observadas, es necesario que la persona esté en el
contexto de la acción de un trabajo específico.
Esto
establece en sí una diferencia. Mientras que la psicología
tradicional intenta generar variables unidimensionales en la medida
de lo posible, que garanticen homogeneidad conceptual y métrica
para cada una de ellas (aunque luego se combinen para realizar predicciones
de criterios complejos), las Competencias se plantean como multidimensionales
en sí mismas y con una relación directa con el contexto
en que se expresan.
Una
Competencia es lo que hace que la persona sea, valga la redundancia,
“competente” para realizar un trabajo o una actividad
y exitoso en la misma, lo que puede significar la conjunción
de conocimientos, habilidades, disposiciones y conductas específicas.
Si falla alguno de esos aspectos, y el mismo se requiere para lograr
algo, ya no se es “competente”.
Es
lo que Lawshe y Balma (1966) planteaban hace muchos años como:
a) La potencialidad para aprender a realizar un trabajo, b) La capacidad
real, actual, para llevar a cabo el trabajo, c) La disposición
para realizarlo, es decir, su motivación o su interés.
Estos tres aspectos se complementan, ya que es posible, que alguien
tenga los conocimientos para hacer el trabajo, pero no lo desee hacer;
o que tenga el deseo de realizarlo, pero no sepa cómo hacerlo;
o no sepa como hacerlo, pero esté dispuesto a aprender y tenga
las condiciones de hacerlo.
La
misma concepción de las Competencias, con su carácter
multidimensional, hace que sean complejas, por lo que se requiere
analizar cómo están conformadas. Spencer y Spencer consideran,
que las Competencias están compuestas de características
que incluyen: motivaciones, rasgos psicofísicos (agudeza visual
y tiempo de reacción, por ejemplo) y formas de comportamiento,
autoconcepto, conocimientos, destrezas manuales (skills) y destrezas
mentales o cognitivas. Mientras que Boyatzis plantea que una competencia
puede ser “una motivación, un rasgo, una destreza, la
autoimagen, la percepción de su rol social, o un conjunto de
conocimientos que se utilizan para el trabajo”.
Al
revisar las características o componentes de las Competencias,
observamos que, de alguna manera, están asociados con los constructos
psicológicos, pero los mismos se combinan de una manera determinada,
para generar la capacidad de rendir eficientemente en tareas o actividades
específicas, hacer a la persona “competente”. La
forma en que se combinan sólo se puede determinar mediante
el análisis de cómo las personas exitosas actúan
en el trabajo.
Es
importante diferenciar las Competencias necesarias para realizar un
trabajo exitosamente, de lo que la persona hace en su trabajo. Woodruffe
(1993) destaca, que, por ejemplo persuadir a otros no es una competencia,
sino algo que la persona debe hacer en el trabajo. Para persuadir
a otros eficientemente, la persona debe tener ciertas Competencias:
ser incisivo en su comprensión de los asuntos, ser abierto
en su forma de razonar a fin de encontrar opciones, desear resolver
los asuntos y obtener resultados, tener confianza en dirigir a otros,
ser sensible a los puntos de vista de otros, actuar en forma cooperativa
con otros y estar orientado hacia el logro de objetivos.
¿CUÁNTAS COMPETENCIAS EXISTEN Y QUÉ SON?
El
número de Competencias “existentes” puede muy amplio.
Levy-Leboyer (1996) presenta seis diferentes listas. Ansorena Cao
(1996) incluye 50 Competencias conductuales. Woodruffe (1993) plantea
nueve competencias genéricas, lo que significa que hay muchas
otras específicas. El Diccionario de Competencias de Hay McBer
(Spencer y Spencer, 1993) incluye 20 Competencias en su lista básica,
ordenadas por conglomerados, y nueve adicionales denominadas Competencias
Únicas. Barnhart (1996) incluye 37 competencias básicas
en siete categorías.
En
todas esas listas hay Competencias que tienen el mismo nombre para
el mismo concepto, pero también hay algunas que, siendo similares,
reciben nombre diferentes (Solución de Problemas vs Toma de
Decisiones). Igualmente, algunas competencias son agrupadas de maneras
diferentes (Orientación al Cliente puede ir en Apoyo y Servicio
Humano – Spencer y Spencer – o en Gerencia – Barnhart).
Esto hace que el número de Competencias a definir pueda llegar
a ser muy grande, precisamente por el hecho de que las Competencias
están ligadas al contexto específico en que se pone
de manifiesto en el trabajo, lo que sugiere, que cada organización
puede tener conjuntos de Competencias diferentes y que ninguna organización
puede tomar una lista de Competencias preparada por otra organización
para su uso, asumiendo que existen similitudes entre ellas.
Para
analizar con más profundidad lo que son las Competencias, utilizaremos
el Diccionario de Competencias de Hay McBer, (Spencer y Spencer, 1993),
que se incluye en la Tabla 1. Allí se agrupan las Competencias
en Conglomerados, es decir, categorías que muestran relativa
homogeneidad.
Los
diferentes tipos de trabajos requieren diferentes magnitudes y combinaciones
de esas Competencias. El conjunto de Conglomerados y Competencias
incluido en la Tabla 1, es especialmente adecuado para el trabajo
gerencial y de ventas, aunque posiblemente no se adecúen para
un maestro de preescolar o para un investigador científico,
lo que significa, que puede haber otras Competencias adecuadas para
otros tipos de trabajo.
LA MEDICIÓN DE LAS COMPETENCIAS
Dado
que las Competencias se definen en el contexto laboral, su evaluación
se realiza también con propósito laboral: planificación
del adiestramiento, evaluación de potencial, selección
o promoción de personal. En general, la evaluación en
este contexto trata de determinar el grado de congruencia entre las
exigencias de un trabajo y las características de una persona,
para establecer su probabilidad de éxito en el mismo y decidir
su contratación, su ascenso o recomendar un proceso de desarrollo.
Al
realizar evaluaciones específicamente para la selección,
es necesario atender a cinco aspectos:
1. ¿Cuántas y cuáles son las Variables a incluir
en la evaluación?. De toda la constelación de variables
existentes, de todos los rasgos de una persona, de todas las exigencias
que hace un cargo a quien lo ocupa, ¿cuántas y cuáles
deben ser incluidas en la evaluación? Por razones de economía,
lo usual es escoger el mínimo de variables (la evaluación
de cada variable tiene un costo) que permita predecir el máximo
de la varianza del criterio (lo que se quiere predecir). Esto es lo
que Mosteller y Tukey (1968) llaman “forma”, es decir
cuáles son las variables de evaluación; lo que contrasta
con la “estructura”, que es la ponderación que
se le dará a cada una de esas variables escogidas.
2. ¿En qué consiste la Variable a evaluar y cuáles
son las manifestaciones de conducta que se asocian con ella?. Toda
variable debe ser definida tanto conceptual, como operacionalmente,
a fin de hacer explícitos sus contenidos y llegar a acuerdos
sobre lo que estamos evaluando y sus manifestaciones observables.
Si no contamos con definiciones operacionales, es prácticamente
imposible observar la variable, puesto que la mayoría de las
veces, estamos relacionándonos con “constructos”,
que adquieren contenido solamente mediante las manifestaciones de
conducta.
3. ¿Cómo crear condiciones para que se pongan de manifiesto
las conductas asociadas con la Variable?. Todos los instrumentos de
observación (entrevistas, pruebas psicométricas, assessment
centers, etc.) persiguen desencadenar conductas a fin de contar con
evidencia concreta para fundamentar las decisiones. Las muestras de
conducta tienen que estar lógicamente asociadas con la variable,
más aún, tienen que estar inequívocamente relacionadas
con la variable definida y tienen que obtenerse en forma objetiva.
4. ¿Cómo darle significado a las manifestaciones de
conducta que observamos?. Cuando observamos conductas, la siguiente
pregunta es: ¿qué significa la conducta que estamos
observando? ¿Cómo relacionamos esto con las exigencias
del cargo? Una de las maneras de hacerlo es mediante apreciaciones
cualitativas, otra es asignando numerales a las manifestaciones de
conducta (una medición), a fin de determinar la ubicación
de la persona en el continuo subyacente que hemos asumido que existe.
En todo caso, no todas las conductas tienen el mismo significado y
algunas de ellas serán más relevantes que otras, por
lo que hay que ponderarlas de alguna manera para que pesen de acuerdo
a su relevancia en la evaluación (la “estructura”
de Mosteller y Tukey).
5. Una vez que tenemos la evaluación, ¿Cómo tomar
la decisión de selección o promoción de la persona?.
Si utilizamos varios instrumentos de recolección de información,
sobre todo si son de naturaleza disímil, es necesario combinar
los resultados de alguna manera para tomar decisiones.
A
continuación se discute con mayor amplitud cada uno de esos
cinco aspectos, aplicándolos específicamente a la situación
de las Competencias.
El
primer aspecto: Cuáles son las variables (Competencias) a evaluar,
se ha resuelto tradicionalmente mediante el establecimiento de Perfiles
de Cargo, que surgen de una amplia y exhaustiva información
acerca de lo que las personas hacen en el trabajo. Quizás la
mayor contribución de McClelland fue plantear que las características
a evaluar se establezcan directamente en lo que la persona debe hacer
y mediante la contrastación entre quienes son exitosos y quienes
son solamente promedios en la ejecución del trabajo.
La
definición de Perfiles de Cargo por Categorías (Psico
Consult, 1999), fundamentado en una obtención de información
mediante el análisis documental, las entrevistas selectivas,
la observación directa, la contrastación entre experto
y novato y la determinación de los Incidentes Críticos,
permite determinar las actividades que realizan las personas en el
cargo. Esas actividades se clasifican luego en cinco Categorías:
Procedimentales, Operativas, Transacciones Interpersonales, Producción
Intelectual y Supervisorias. Esto permite establecer los Factores
Asociados al Éxito, que, por cierto, no siempre se expresan
en términos de Competencias puesto que pueden incluir también
aspectos de tipo biográfico, por ejemplo.
Naturalmente,
un problema es cuántas variables incluir en el proceso de evaluación.
La respuesta es difícil siempre, pero obedece al principio
general siguiente: Tantas como para incluir todo lo importante, pero
no demasiadas que resulte extremadamente costoso. En todo caso, el
establecimiento de las Competencias a evaluar, tomando en consideración
de manera directa el contexto laboral, ayuda a dar una respuesta a
este punto.
Cuando
una organización decide trabajar por Competencias, es necesario
realizar un trabajo sistemático para determinar cuáles
son críticas y en qué consisten. Esto exige análisis,
síntesis y llegar a acuerdos sobre cuáles son y que
toda persona comprenda por qué esa Competencia es importante.
Este proceso es, de hecho, la creación de una nueva manera
de percibir a la organización.
El
segundo punto se refiere a establecer en qué consiste la variable
a evaluar y cuáles son las manifestaciones de conducta que
se asocian con ella. Las definiciones operacionales ayudan a clarificar
lo que significa una Competencia. Pero son las conductas manifiestas
las que nos indican dónde se encuentra la persona. Por ejemplo,
si tomamos del ejemplo anterior: “Deja que sus emociones interfieran
en las buenas decisiones de negocio”, ¿qué manifestaciones
de conducta nos indicarían que la persona es así? ¿Bastaría
con que en una ocasión ocurra una interferencia emocional,
o serían necesarias varias? Es decir, una definición
completa de la Competencia exige que conozcamos bien la definición
teórica, así como las dimensiones o componentes que
la integran, y las manifestaciones de conducta que se asocian con
cada componente.
El
tercer aspecto de la evaluación se refiere a la creación
de las condiciones para que se pongan de manifiesto las conductas
asociadas con la Competencia. Es imposible realizar evaluaciones a
menos que se pongan de manifiesto las conductas, o al menos efectos
de las conductas, que nos indiquen si la persona tiene o no la competencia.
Lo ideal sería observar a las personas directamente en el trabajo,
pero esto constituye una proposición difícil, por no
decir que imposible. Lo usual es crear condiciones más o menos
artificiales, pero que guarden relación con la situación
real de trabajo; tres de ellas se discuten a continuación:
1) Entrevistas. 2) Pruebas Psicométricas y 3) Assessment Centers.
Las
entrevistas tradicionales tienden a no generar conductas observables
en magnitud y claridad suficiente, para fundamentar conjeturas acerca
de la ubicación de la persona con relación a las variables.
Por ello, se han planteado nuevas formas de conducirlas que generen
más conductas observables y datos objetivos. McClelland propone
la Entrevista de Eventos Conductuales, tanto para la determinación
de las Competencias requeridas para un cargo, como para la evaluación
de las personas; los eventos conductuales consisten en datos específicos
sobre la forma en que la persona se ha comportado en el pasado y establecer
el tipo de conducta que diferencia a las personas eficientes de las
menos eficientes. Smart (1983) propone técnicas exploratorias
que incluyen la preparación de guiones ad hoc, la confrontación
directa en caso de necesidad y un registro exhaustivo de todo cuanto
se plantea, para interpretar a posteriori los resultados. Feliú
y Rodríguez (1994) destacan la importancia de elaborar un guión
para la entrevista, la obtención de ejemplos de conductas y,
sobre todo, la cuantificación de los resultados, fundamentada
en información objetiva.
Un
principio fundamental en las entrevistas es que “la conducta
pasada es el mejor predictor de la conducta futura". Por ello
los incidentes ocurridos en el pasado permiten determinar cómo
se comportaría en el presente, ahora que conoce lo que ocurrió
y sus consecuencias. De esta manera se puede explorar cuál
es el comportamiento usual, así como cuál es su manera
de aprender de la experiencia. Igualmente, se plantean situaciones
hipotéticas, que permiten que la persona confronte teóricamente
una situación, profundizando mediante repreguntas para determinar
la cantidad y calidad de recursos de que dispone la persona.
Las
pruebas psicométricas son, por definición, situaciones
controladas, destinadas a desencadenar conductas relevantes y directamente
asociadas con las variables que evalúan. La tecnología
psicométrica desarrollada durante más de 90 años,
permite contar con algoritmos claros para definir la variable, establecer
la forma de medición, validar la relación de la medición
con el constructo o con criterios externos, generar cuantificaciones
y obtener índices combinables para la toma de decisiones. El
control de la situación de aplicación garantiza uniformidad,
equidad y confiabilidad de los resultados. Estas características,
sumadas a su relativamente bajo costo de aplicación y obtención
de resultados, los hacen excelentes instrumentos para la evaluación.
Sin
embargo, las pruebas psicométricas también han sido
sometidas a críticas: 1. Los tests objetivos tienden a evaluar
fundamentalmente pensamiento convergente, es decir, resultados que
tienen solamente una respuesta correcta, cuando que una situación
podría tener soluciones múltiples. 2. La administración
grupal y el estricto control durante la aplicación, reduce
las posibilidades de observación y profundización de
las conductas que se generan alrededor de la respuesta. 3. Se evalúan
solamente aspectos específicos de la variable, que han sido
establecidos por el constructor de la prueba y que reflejan más
un producto que el proceso en que la persona se ve involucrada. 4.
Hay sesgos contra algunos grupos sociales o hacia personas que no
responden de la manera esperada. 5. Cuando se usan en el contexto
laboral, una vez realizada la evaluación, es necesario determinar
qué significa el resultado con relación al rendimiento
en el trabajo, es decir, no permiten extrapolar directamente sobre
cuál será el rendimiento en el trabajo en sí,
sino mediante otros indicadores y mediciones. 6. La medición
de constructos unidimensionales, permanentes y universales en el ser
humano los hace estáticos en el tiempo, y poco flexibles para
evaluar aspectos que hoy se conciben dinámicos, como la ejecución
en un contexto laboral.
Algunos
autores plantean la necesidad de generar otros tipos de instrumentos,
que permitan observar más directamente los procesos cognoscitivos
para identificar las fuentes de fortaleza y debilidad de cada persona,
así como integrar en la interpretación de los resultados
del test los aspectos cognoscitivos y afectivos. También han
surgido instrumentos que permiten evaluar variables más dinámicas,
como la inteligencia emocional (Goleman, 1996) o el estilo de comportamiento
gerencial (Psico Consult, 1996). McClelland (Spencer y Spencer, 1993)
plantea el uso de pruebas cuyo resultado responda a la generación
de un producto, llamadas por él pruebas operantes. Esto permitiría
una observación más directa de la conducta cuando la
persona responde y elabora la respuesta y crear condiciones menos
rígidas de respuesta.
Esto
permite, en cierta medida, neutralizar las críticas relacionadas
con la observación de elementos adicionales importantes para
la evaluación, pero, naturalmente, también hacen más
difícil su aplicación, su puntuación y, sobre
todo, su interpretación.
Algunas
proposiciones modernas, permiten generar perfiles de las formas de
actuación de la persona. Por ejemplo, la Prueba de Estilo Gerencial
PEG-01 (Psico Consult, 1996) define el perfil en función de
cuatro funciones gerenciales de eficiencia señaladas por Ichak
Adizes: Producción, Administración, Empresa e Integración.
Cada una de esas funciones está asociada con una forma de comportarse,
y la estructura del perfil da una idea de cómo ejerce su función
gerencial en forma típica.
Las
pruebas de conocimiento permiten evaluar el caudal de información
que una persona posee sobre un tema determinado, así como lo
que esa persona es capaz de hacer con la información que posee.
Ya Bloom (1956) planteaba la necesidad de que los instrumentos de
evaluación en el contexto educativo evaluasen no sólo
la información, sino también aspectos más dinámicos
y complejos, establecidos en los niveles superiores de su “Taxonomía
de los Objetivos Educacionales”: Comprensión, Aplicación,
Análisis, Síntesis y Evaluación, que él
denomina habilidades.
En
todo caso, lo que caracteriza a las pruebas psicométricas es
su carácter de medición, es decir, la obtención
de indicadores numéricos que, tomados independientemente o
en combinación con otros, permiten un grado de comparabilidad
de resultados que es superior que cualquier otro método de
obtención de resultados. La cuantificación y su carácter
estandarizado son grandes ventajas, aunque también puedan hacerlas
limitadas en el tipo de información que proveen.
Un
aspecto discutido anteriormente es que las Competencias se pueden
analizar en función de características o componentes,
que se asemejan en oportunidades a los constructos psicológicos
tradicionales, surgen así las preguntas: ¿podemos utilizar
las definiciones tradicionales para comprender mejor las Competencias?
Y, ¿podemos utilizar las evaluaciones tradicionales para evaluar
las Competencias? La respuesta parece ser definitivamente afirmativa,
es decir, sí es posible utilizar las pruebas tradicionales,
ponderadas de una manera determinada, o integradas en la evaluación
mediante otras formas de recolección de información,
para medir el grado de posesión de la Competencia. Spencer
y Spencer (1993) incluyen en sus formas de evaluación pruebas
de larga data y tradición, como el Wais y el 16 PF. Sin embargo,
cada vez más se están exigiendo instrumentos más
dinámicos que se aproximen más a la forma en que la
persona se comportará en el contexto laboral.
Los
Assessment Centers consisten en situaciones relativamente controladas,
en las que se trata de crear condiciones similares a las que reinan
donde se realiza el trabajo. Pueden incluir ejercicios de comportamiento
en grupo o individual. Ejemplo clásico de ejercicios de un
Assessment Center son las actividades en las que un grupo debe resolver
un problema relativamente inestructurado en un tiempo limitado (construir
una torre de papel contando solo con papel, tijeras y goma de pegar,
o acordar y proponer un curso de acción ante una situación
compleja y difícil, llegando a un consenso en grupo). Esto
genera una situación de interacción personal en las
que se demuestran ciertas Competencias, como, por ejemplo, la capacidad
de responder ante demandas de tiempo, el liderazgo, la persuasión,
el manejo de la frustración, la obtención de información,
el aprovechamiento de las situaciones, etc.
Otro
ejemplo de Assessment Center, es un ejercicio de evaluación
desarrollado por Psico Consult para una empresa metalmecánica,
que incluye en una caja, productos con diferentes tipos de defectos
mezclados con productos sin defectos. El evaluando debe revisarlos
y clasificarlos de acuerdo a su calidad de elaboración en un
tiempo limitado; al terminar, el aspirante debe responder algunas
preguntas sobre qué pudo originar el problema. Esto permite
establecer rápidamente, en un contexto bastante estructurado,
si la persona tiene la competencia necesaria para identificar los
problemas de producción y sus causas.
La
mayor ventaja de los Assessment Center es la relación estrecha
que guardan con las situaciones que el aspirante enfrentará
en el trabajo. Sin embargo, requieren de una cuidadosa preparación
para definir las Competencias y sus manifestaciones de conducta, y
una rigurosa capacitación de quienes serán observadores
para garantizar la objetividad y la confiabilidad. Si se trata de
supervisores de la empresa, los observadores tendrán que tomar
tiempo de su trabajo para realizar el entrenamiento y realizar las
observaciones. Por ello, las desventajas de los Assessment Centers
están relacionados con su alto costo y las dificultades para
lograr una verdadera objetividad en la observación y evaluación
de las conductas que se desencadenan en la situación.
La
pregunta en cualquier método de recolección de información
está en el grado en que los resultados de la observación,
representan las conductas asociadas con las Competencias, que se pondrán
de manifiesto en el trabajo. Nótese que se trata de un problema
doble. Primero, ¿las Competencias seleccionadas son las requeridas?
Segundo, ¿las conductas observadas representan a la competencia?
Aunque parecen similares son preguntas diferentes, ya que, supongamos
que escogemos las Competencias necesarias para un trabajo determinado,
pero las mismas no son las necesarias; nuestros instrumentos pueden
ser excelentes representantes de las conductas asociadas con esas
Competencias, pero no lo serán de lo que se requiere para el
trabajo.
Este
es un problema de validez, es decir, la escogencia de las Competencias,
sus componentes y sus conductas, que sean representativos de lo que
se requiere para el trabajo. Dado el estado relativamente “fluido”,
de las competencias y la dificultad de definir muchas de ellas con
claridad, así como las conductas que se asocian a ella, se
trata de un problema bastante complejo, que requiere atención.
Cuando
se desencadenan conductas asociadas con las Competencias por cualquiera
de los métodos discutidos en esta sección, es importante
establecer cuántas veces debemos observar una conducta para
concluir algo sobre el rasgo subyacente. Supongamos que se desea evaluar
persistencia. ¿Cuáles son las manifestaciones de conducta
asociadas con la persistencia? Y ¿cuántas veces se requiere
observar esa conducta para afirmar que la persona tiene el nivel de
persistencia requerida para el cargo?
Ese
es precisamente el cuarto punto de la enumeración: cómo
darle significado a los resultados de la evaluación. Toda evaluación
parte del principio de que existen diferencias individuales con relación
a las variables que observamos (de no existir diferencias individuales,
no valdría la pena evaluar); esto supone la existencia de un
continuo subyacente con direccionalidad a lo largo del cual se distribuyen
las personas, es decir, hay quienes tienen más y quienes tienen
menos de esa variable o Competencia. La evaluación está
destinada a poner de manifiesto esas diferencias, a fin de estimar
en qué lugar del continuo subyacente se encuentran las personas
que evaluamos (y cómo se relaciona ese lugar con las exigencias
del cargo). Usualmente se siguen tres pasos: 1. Observación
de las manifestaciones de conducta. 2. Medición, es decir,
asignación de numerales a las conductas. 3. Comparación
con un criterio o patrón para interpretar los numerales asignados.
Los
criterios o patrones de comparación pueden ser relativos o
pueden ser absolutos. Un ejemplo de patrón relativo, son los
baremos o normas, mediante los cuales se establece cómo se
comporta una persona al compararla con el rendimiento de un grupo
de personas de su misma población. La mayoría de las
pruebas psicométricas tradicionales se fundamentan en esta
concepción. Los patrones absolutos establecen a qué
nivel rinde una persona con suficiencia o calidad suficiente como
para aceptar que es apto, es decir, que es competente para una actividad.
Los llamados tests criteriales intentan precisamente establecer esa
relación directa, entre la puntuación y su significado.
Lo
que se intenta con las evaluaciones de Competencias es determinar
si las personas son aptas, es decir, se desea alcanzar comparaciones
con patrones absolutos acerca del grado en que una persona se asemeja
a quienes son exitosos en el trabajo, o establecer si tienen los componentes
básicos que le permitirán asimilar lo que le falta con
relativa facilidad.
Las
escalas que se presentaron en la sección anterior para definir
las Competencias, son una muestra de los intentos realizados por darle
una significación absoluta a los patrones conductuales observados.
Lamentablemente, aparte de las pruebas psicométricas que funcionan
de manera relativamente objetiva, cualquier decisión de ubicación
de la persona en escalas de ese tipo, tiende a estar cargada de subjetividad
e inconfiabilidad, puesto que es el juicio de alguien lo que decide
dónde ubicar la marca. Esto se subsana, en forma relativa,
solicitando que se haga explícita la evidencia en que se fundamenta
la puntuación.
El
quinto punto de la enumeración se refiere a cómo tomar
la decisión de selección o de promoción de la
persona. La mejor manera de realizar decisiones es contando con indicadores,
expresados en índices con puntos de corte claramente definidos.
Esos índices combinan los resultados de diferentes instrumentos
de evaluación, ponderando la información de manera diferencial
o igual para todos, dependiendo de la importancia que se le quiera
dar a cada variable.
Las
rectas de regresión, fundamentados en coeficientes de correlación
de orden cero o múltiple, son ejemplos de este tipo de índice.
Las Tablas de Expectación Múltiple son otro tipo de
ejemplo, ya que permiten establecer, a partir de algunas mediciones,
la probabilidad de éxito y fracaso en las actividades laborales
(Rodríguez y Feliú, 1984). En el caso de las pruebas
psicométricas normativas, que se fundamentan en el rendimiento
grupal, los resultados de las diferentes pruebas se transforman a
una escala común, lo que permite ponderarlas y combinar las
diferentes puntuaciones en índices únicos, que expresan
la diversidad de la medición realizada, así como la
relación con el rendimiento laboral que se desea predecir.
Básicamente
existen dos modelos matemáticos para combinar resultados de
evaluación: el modelo compensatorio y el modelo conjuntivo.
En el primero, se pueden promediar resultados, lo que lleva a que
una puntuación alta en una prueba compense un resultado bajo
en otra; las rectas de regresión múltiple son buenos
ejemplos del modelo compensatorio. En el modelo conjuntivo no es posible
compensar resultados, sino que se establece uno o varios puntos de
corte, por debajo del cual el aspirante queda descalificado, independientemente
de los buenos resultados que pueda obtener en otra evaluación.
Cada modelo exige un tratamiento matemático y estadístico
diferente, pero ambos permiten una toma de decisiones en términos
relativamente sencillos.
Para
evaluar las Competencias se proponen instrumentos de recolección
de información cercanos a la índole del trabajo, lo
que hace que sean de naturaleza disímil entre sí y no
tan homogéneos en su concepción como las pruebas psicométricas.
Si se realiza una evaluación haciendo uso de, por ejemplo:
pruebas psicométricas, assessment center y entrevistas es necesario
que todos ellos expresen los resultados en función de las Competencias
que se desean evaluar y, de ser posible, en una escala común
para que se puedan combinar los resultados y así generar índices.
Si
no se logran expresar los resultados en una escala común, la
generación de índices es más difícil,
tanto por las formas diferentes de cuantificación, como por
el hecho de que cada instrumento expresa resultados de evaluación
diferentes. En ese caso, es necesario trabajar por rangos, es decir,
creando un orden con relación al rendimiento y luego trabajando
con escalas ordinales, o mantenerse dentro del modelo conjuntivo,
y tomando las decisiones para cada tipo de instrumento por separado.
CONCLUSIÓN
En
este artículo se ha analizado el concepto de las Competencias.
Este término, que surge de la insatisfacción con los
constructos psicológicos tradicionales, designa a todo un conjunto
de características de las personas que las hace exitosas en
la realización de un trabajo. Por su carácter están
ligadas estrechamente con el contexto laboral, por lo que las Competencias
son mucho más dinámicas, fluidas y complejas que los
constructos psicológicos tradicionales. Por ello, también
son más difíciles de comprender y de medir.
Por
el hecho de estar ligadas a contexto laboral, también requiere,
que una organización que decida aceptar trabajar por Competencias,
deba trabajar sistemáticamente para determinar cuáles
son las Competencias que requiere su personal, ya que es poco menos
que imposible hacer uso de conjuntos de Competencias desarrolladas
por otras organizaciones. Aunque se puede hacer uso de las listas
de Competencias genéricas desarrolladas por diferentes autores,
nada libera a la organización de un trabajo adicional para
adaptarlas y divulgarlas entre el personal, ya que de hecho, se está
creando una nueva forma de percibir el trabajo en sí.
La
medición de las Competencias con fines de selección
es compleja, no solamente por el carácter complejo de las Competencias,
sino también por su estrecha relación con el trabajo
en sí. Algunas de las pruebas psicométricas tradicionales
son utilizables dado que las Competencias se definen en función
de componentes que guardan estrecha relación con variables
y constructos psicológicos tradicionales. Pero otras, debido
a la concepción estática de las variables que evalúan
o porque evalúan manifestaciones de conducta que no están
directamente relacionadas con lo que se requiere para realizar el
trabajo, posiblemente sean menos útiles.
Por
otro lado, para evaluar las competencias se recurre a nuevos instrumentos
psicométricos que deben ser generados con base a las definiciones
de competencias, o a usar instrumentos existentes, porque guardan
relación con los componentes de las competencias. En todo caso,
los tests deben ser interpretados con base a una interpretación
dinámica que se asemeja más a las Competencias. Los
otros instrumentos de evaluación, como las entrevistas y los
Assessment Centers, cuando son bien implementados se pueden acercar
más a lo que se exige en el trabajo, pero también tienden
a ser más costosos que las pruebas psicométricas y a
sufrir de un mayor nivel de subjetividad.
Finalmente,
es necesario aún desarrollar formas de combinación de
los resultados de los distintos métodos de recolección
de información, ya que se fundamentan sobre premisas y formas
de evaluación diferentes. Hasta ahora, las soluciones a este
aspecto no son del todo satisfactorias, por estar cargadas aún
de subjetividad.
BIBLIOGRAFÍA
Ansorena
Cao, Alvaro. (1996) 15 casos para la Selección de Personal
con Éxito, Barcelona, Paidos Empresa.
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la Prueba de Estilo Gerencial (PEG 01) Feliú Salazar, P., Rodríguez
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Rodríguez T., Nelson, Feliú S., Pedro. Curso Básico
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Woodruffe, Charles.(1993) What is meant by a Competency? Leadership
and Organization Development Journal. Vol 14 (1) Pp.29-36.
NELSON
RODRIGUEZ TRUJILLO PhD.
Psicólogo
graduado en la Universidad Central de Venezuela en 1968. Realizó
estudios de pedagogía y psicología en la Universidad
de Hamburgo, y obtuvo una Maestría en Evaluación y Medición
en la Universidad de Wisconsin y un doctorado en Psicología
Educativa en la Universidad de Chicago. Tiene amplia experiencia en
el diseño y administración de programas educativos,
desarrollados tanto desde el Banco del Libro como desde Psico Consult,
también tiene experiencia en la administración de proyectos
de investigación y desarrollo. Es autor de artículos
publicados tanto en Venezuela como en revistas internacionales y coautor
de más de 15 pruebas psicométricas de amplia difusión
en Venezuela y otros países de América Latina para la
selección de personal. Es coautor del software PsicoMet para
la interpretación de pruebas psicométricas y la elaboración
de informes. Ha desarrollado o apoyado el desarrollo de varios sistemas
de evaluación y selección de personal de importantes
empresas venezolanas, entre las cuales se encuentran Mavesa, Ford
Motor de Venezuela, PDV Marina y General Motors Venezolana; así
como de evaluación y selección estudiantil, entre los
cuales se destacan Fundayacucho y la Facultad de Humanidades y Educación
. Es profesor de la Cátedra de Psicometría de la Escuela
de Psicología, donde dicta la cátedra de Psicometría,
desde 1978 y del Postgrado de Administración de Recursos Humanos
de la Universidad Central de Venezuela, donde dicta la cátedra
de Reclutamiento y Selección. Es socio fundador de Psico Consult
donde se desempeña como Director Gerente.
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SEIS
SENCILLOS PASOS PARA TRATAR A SUS CLIENTES
(Tomado
de Hopkins, Tom. ‘Ventas Para Dummies’ )
A
continuación describiremos los pasos que toda persona debe
seguir en el momento en que entra en contacto con un cliente:
1. SALUDE A SU CLIENTE
“HAGA
QUE ME SIENTA COMODO Y A GUSTO”
Recuerde
siempre que cuando usted saluda a un cliente y le da la bienvenida,
usted está hablando a nombre de la organización para
la cual trabaja. Es la empresa quien está saludando al cliente.
Usted es la imagen de su empresa. Una persona se forma once impresiones
de otra en los primeros siete segundos de contacto. Al saludar a su
cliente, muéstrele que su presencia es importante para usted.
No lo mire como a un estorbo, sino como alguien que es importante.
Establezca contacto visual, dele las gracias por haberlo visitado
o por haberlo llamado y préstele toda su atención.
2.
CONCÉDALE VALOR A LOS CLIENTES
“HÁGAME
SABER POR QUE PIENSA QUE YO SOY IMPORTANTE”
Cada
persona es única e irrepetible. Concédale a las personas
el valor que se merecen. Esto se logra siendo conciente del valor
que usted se atribuye a sí mismo. A usted le gusta recibir
un buen trato. Pues bien, trate a su cliente exactamente de la misma
manera como a usted le gustaría ser tratado. Recuerde que gracias
a su cliente usted recibe un salario y que su empleo, en última
instancia, existe gracias a sus clientes.
Recuerde
que usted no está en su empresa para vender u ofrecer productos
o servicios. Usted está allí para ayudar a las personas
a obtener los beneficios finales que ofrecen esos productos o servicios.
La recepcionista de un consultorio médico quizá piense
que su trabajo consiste en programar citas. En realidad está
ahí para recibir a los pacientes, aprovechar al máximo
los primeros segundos de contacto, lograr que se sientan a gusto y
hacerles saber que se han dirigido al mejor lugar que podrían
haber elegido. La enfermera de un hospital no se dedica a revisar
a los pacientes y registrar información para los médicos.
Su trabajo consiste en ayudar a que las personas se sientan cómodas,
aliviar su angustia y tranquilizar a los miembros de su familia.
Al
realizar actividades que se centran en otros, usted obtiene grandes
recompensas personales, una de ellas es un mayor respeto por sí
mismo.
3. PREGUNTE A SU CLIENTE EN QUE LE PUEDE SERVIR
“AVERIGÜE
LO QUE QUIERO”
Recuerde
siempre que las personas en realidad no necesitan un producto o un
servicio. Lo que realmente necesitan es lo que les producirá
ese producto o ese servicio, es decir, los beneficios finales que
le proporcionará.
Los
pacientes no van al odontólogo para que les limpien los dientes.
Lo hacen para verse más atractivos, disfrutar de buena salud
o prevenir problemas futuros.
Los
clientes no compran automóviles con el sólo propósito
de conducir un vehículo. Lo compran para agradar a sus familias,
estar a la altura de sus vecinos u obtener un mayor estatus o mayor
comodidad.
Por
lo tanto, una parte muy importante de su contacto con el cliente debe
consistir en averiguar qué necesita, teniendo presente que
más allá de las cosas, la gente busca satisfacer necesidades.
Averigüe
qué necesita la persona que lo ha llamado o que ha llegado
y pregúntele: “En qué puedo servirle?”
4. ESCUCHE AL CLIENTE
“POR
FAVOR, ESCÚCHEME Y ENTIÉNDAME”
Son
muy pocas las personas que saben escuchar. La mayoría de las
personas aparentan escuchar al otro, pero en realidad están
procesando internamente la frase que van a pronunciar cuando el otro
haga una pausa. Y de esa manera la conversación se convierte
en un monólogo compartido.
Centre
toda su atención en su cliente, escuche sus palabras, escuche
su tono de voz y “escuche” su lenguaje corporal.
Tenga
presente además que su lenguaje corporal sirve de modelo al
otro. La mayoría de las personas adoptan inconscientemente
el lenguaje corporal de su interlocutor.
Haga
el siguiente experimento: la próxima vez que esté con
alguien (que no sea un cliente) independientemente de lo que la otra
persona esté haciendo con sus brazos, cruce usted los suyos
bien apretados. Después observe lo que hace su interlocutor.
Lo más probable es que él también cruce los suyos.
Después extienda sus brazos y haga gestos abiertos y verá
que poco tarda la otra persona en hacer lo mismo.
Pero,
qué tiene que ver esto con escuchar?
Todo!!
Escuchar no se limita sólo a oír las palabras. También
consiste en entender qué siente. Es establecer un contacto
emocional con la otra persona. Fíjese en su propio lenguaje.
Haga gestos abiertos y demuestre que está escuchando.
5.
AYUDE AL CLIENTE
“AYÚDEME
A OBTENER LO QUE QUIERO”
Ya
que ha recibido bien al cliente, le ha concedido valor, le ha preguntado
en qué puede servirle y le ha escuchado para conocer sus necesidades,
llegó el momento de satisfacerlas.
Al
hacerlo, tenga presente que una persona no compra su producto o servicio
por lo que es, sino por la necesidad que le permitirá satisfacer.
La persona compra por los beneficios finales. Centre su comunicación
en torno de los beneficios que obtendrá el cliente.
Recuerde
que gran parte de su trabajo consiste en ayudar a la gente a resolver
sus problemas. Llegó el momento de hacerlo. Satisfaga sus necesidades,
ayúdele a resolver su problema.
6. INVITE AL CLIENTE A QUE REGRESE
“DIGAME
QUE SIEMPRE SERÉ BIENVENIDO”
Un
verdadero cliente no es el que le compra un producto o utiliza sus
servicios, sino el que lo hace de nuevo, el que regresa. Cuando haya
atendido a su cliente, asegúrese de que se lleve una grata
última impresión. Hágase las siguientes preguntas:
?
Cómo quiere que se sienta alguien después de haber estado
en contacto con usted?
? Qué quiere que diga de usted?
? Cómo quiere que describa su experiencia con usted?
Para
lograr una buena última impresión a su cliente,
? Dele las gracias por haber entrado o llamado.
? Invítelo a regresar pronto.
? Despiértele las ganas de volver.
Recuerde
que el buen trato influye en la satisfacción del cliente. Las
personas van a lugares donde son apreciadas, donde se sienten bienvenidas
y valoradas y vuelven a los lugares cuando se les invita a que regresen.
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CUESTIONARIO
PARA EVALUAR LA CALIDAD DEL SERVICIO AL CLIENTE QUE BRINDA SU EMPRESA
(Tomado de Hopkins, Tom. ‘Ventas Para Dummies’
)
El siguiente cuestionario le permitirá evaluar ya sea un área
específica o toda la empresa. Decida con anticipación
si va a evaluar solo un departamento o toda la empresa. Utilice las
siguientes cifras para evaluar cada pregunta:
0 = No, nunca 1 = Raras veces 2 = Con frecuencia 3
= Casi siempre
________ Encuestamos a nuestros clientes para averiguar cuán
satisfechos están con nuestro servicio o con nuestros productos
y les solicitamos sugerencias para mejorarlos?
________ Encuestamos a nuestros empleados para averiguar
cuán satisfechos están con el ambiente de trabajo y
les pedimos sugerencias para mejorarlo?
________ Tenemos escrita la misión de la compañía
o los objetivos específicos a largo plazo, enfocados en nuestro
compromiso de proporcionar a nuestros clientes productos y servicios
de alta calidad?
________ Recopilamos información sobre el alto
costo que representa para nuestra empresa el servicio y la calidad
deficientes, en cuanto a clientes perdidos, tiempo desperdiciado y
baja satisfacción del personal?
________ Entrenamos al personal que atiende a los
clientes en las habilidades necesarias para tratar con ellos personalmente
y por teléfono?
________ Nuestros directivos son capacitados en las
habilidades que ellos necesitan para apoyar a los empleados en la
prestación de un servicio excelente?
________ Los empleados nuevos reciben suficiente orientación,
subrayando la importancia del servicio al cliente en su respectivo
oficio?
________ Cuenta la empresa con un sistema computarizado
que le permita a nuestro personal prestarle un buen servicio a los
clientes en forma rápida y eficiente?
________ Tenemos algún proceso que nos permita
hacer cambios específicos de políticas y procedimientos
según las reacciones de nuestros clientes?
________ En nuestra empresa se premia y se expresa
reconocimiento al personal por sus esfuerzos a favor del cliente?
________ TOTAL DE PUNTOS
Ahora sume los puntos y evalúe de la siguiente
manera:
0 a 9 puntos: Nivel 1
10 a 17 puntos: Nivel 2
18 a 24 puntos: Nivel 3
25 a 30 puntos: Nivel 4
Nivel 1:
En su organización el servicio al cliente no
tiene prioridad. Su atención está concentrada en alcanzar
metas financieras y en desarrollar actividades que afecten el balance.
Probablemente consideren que los resultados a corto
plazo son más importantes que las ganancias a largo plazo.
Quizá convenga despertar la conciencia de su
compañía tomando algunas de las siguientes medidas:
? Hacer una encuesta para medir los niveles actuales
de satisfacción de sus clientes.
? Enviar al personal a cursos de capacitación en servicio al
cliente.
? Recopilar información que demuestre el efecto que el mal
servicio está teniendo en cu compañía.
Nivel 2:
Los directivos ya están convencidos de la importancia
del servicio al cliente, pero todavía no lo han convertido
en una preocupación cotidiana. Probablemente hayan empezado
a promover ideas al respecto y quizá hayan dado uno que otro
paso en ese sentido. En estos casos la actitud del personal es: “parece
bueno, pero esperemos a ver si los directivos insisten”.
Nivel 3:
Muy probablemente su empresa está en camino
de prestarle un excelente servicio a sus clientes. Sus empleados se
sienten animados por todos los cambios positivos que se están
haciendo. Una sensación de “todavía tenemos mucho
por hacer” embarga a toda la compañía. Como en
un viaje a la luna, ustedes ya han despegado. Es demasiado tarde para
regresar, pero todavía muy pronto para ver a donde llegarán.
Nivel 4:
Felicitaciones! Su compañía ha hecho
del servicio su verdadera naturaleza. Se han concentrado notoriamente
en satisfacer a la clientela y ese enfoque determina la manera como
sus directivos realizan su trabajo todos los días. La cultura
del servicio es tan fuerte que ha tomado vida propia, y ustedes se
dan cuenta de lo pronto que se ven los resultados del esfuerzo por
mejorar el servicio. Sus empleados consideran el servicio como una
parte importante de su trabajo y saben que la compañía
los apoyará en todo lo que hagan para agradar a los clientes.
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EMPUJE
LA VAQUITA (Autor desconocido)
Un
maestro de sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo,
cuando vió a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió
hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó
al aprendiz sobre la importancia de las visitas; también de
conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que nos brindan
estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del
sitio: La casa de madera y los habitantes, una pareja y tres hijos,
vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado.
Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre
de familia, y le preguntó: "En este lugar no existen posibilidades
de trabajo ni puntos de comercio tampoco. ¿Cómo hacen
usted y su familia para sobrevivir aquí?. El señor calmadamente
respondió: "Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita
que da varios litros de leche todos lo días. Una parte del
producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios
en la ciudad vecina, y con la otra parte producimos queso, cuajada,
etc., para nuestro consumo, y así es como vamos sobreviviendo".
El sabio agradeció la información, contempló
el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. A mitad
de camino volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó:
"Busca la vaquita, llévala al precipicio de allí
enfrente y empújala al barranco". El joven espantado vio
al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita
era el medio de subsistencia de aquella familia. Más como percibió
el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así
que, empujó la vaquita por el precipicio, y la vió morir.
Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante
algunos años. Un día el joven resolvió abandonar
todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar, y contarle
todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo
hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito,
con árboles floridos, todo habitado. El joven se sintió
triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese
que vender particularmente su terreno para poder sobrevivir. Aceleró
el paso y al llegar allá fue recibido por un señor muy
simpático; el joven preguntó por la familia que en ese
lugar vivía hace unos cuatro años; el señor respondió
que allí seguían viviendo.
Espantado, el joven entró corriendo a la casa y confirmó
que realmente era la misma familia que visitó hace algunos
años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó
al señor (el dueño de la vaquita): " ¿Cómo
hizo para mejorar este lugar y cambiar la vida?".
El señor entusiasmado le respondió: "Nosotros teníamos
una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí
en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar
otras habilidades que no sabíamos que teníamos; así
alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora".
REFLEXION:
Todos tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica
para nuestra supervivencia, la cual es una convivencia con la rutina;
NOS HACE DEPENDIENTES, Y CASI EL MUNDO SE REDUCE A LO QUE LA VAQUITA
NOS PRODUCE. Descubre cual es tu vaquita y aprovecha el nuevo milenio
para empujarla por el precipicio.
" Locura: seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes"
Albert Einstein
CUESTION DE PERSPECTIVA
Era
una vez, una industria de calzado, que desarrolló un proyecto
para exportar zapatos a la India. La Gerencia de la empresa envía
a sus dos mejores consultores a puntos diferentes de la India para
hacer las primeras observaciones del potencial de compra de aquel
futuro mercado.
Después
de algunos días de investigación, uno de los consultores
envía el siguiente fax a la gerencia de la industria:
"Señores,
cancelen el proyecto de exportación de zapatos para la India.
Aquí nadie usa zapatos."
Sin
saber de ese fax, algunos días después, el segundo consultor
manda el siguiente mensaje: "Señores, tripliquen el proyecto
de exportación de zapatos para la India. Aquí todavía
nadie usa zapatos."
Moraleja
de la historia:
"Los
tristes sienten que el viento gime; los alegres sienten que él
nos canta. " El mundo es como un espejo que devuelve a cada persona
el reflejo de sus propios pensamientos. La manera como tú enfrentas
a la vida, hace TODA la diferencia. "
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